Periodistas vs. Periodistas

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En los últimos tiempos, el periodismo argentino ha atravesado transformaciones profundas. Cambios tecnológicos, nuevas audiencias, crisis económicas y mutaciones culturales obligaron al oficio a adaptarse, reinventarse y, en muchos casos, a defender su esencia. Sin embargo, uno de los fenómenos más inquietantes no proviene de afuera, sino de adentro: la creciente tendencia de periodistas que enfocan su energía en atacar a otros periodistas, especialmente cuando estos últimos deciden investigar temas sensibles.

La discusión pública entre colegas siempre existió y, en su forma más sana, resulta enriquecedora. El contraste de miradas permite ampliar perspectivas y afinar el análisis. Pero lo que observamos hoy es algo distinto e inquietante: el debate dejó de ser conceptual para convertirse en personal.

Allí donde debería haber un intercambio de ideas, aparece la descalificación. Allí donde debería haber un análisis profundo de los hechos, surge la intención de desacreditar al mensajero. Y esa dinámica tiene un efecto corrosivo en toda la profesión.

Cuando un periodista investiga, asume un riesgo. Esto está claro, ya que no solo arriesga horas de trabajo y reputación; también se expone a presiones, críticas y errores humanos que forman parte de toda búsqueda genuina. En ese proceso, el colega debería ser, como mínimo, un observador respetuoso. Pero cada vez es más frecuente que la investigación sea opacada por discusiones entre comunicadores que se centran en la figura del periodista y no en el contenido investigado.

¿Por qué ocurre esto? Algunas hipótesis señalan la polarización política; otras, la lógica de las redes sociales, que premian la confrontación antes que la reflexión. También es posible que la competencia por la audiencia genere incentivos para exagerar tensiones o dramatizar conflictos internos del oficio. Pero ninguna de estas razones justifica que la discusión profesional se convierta en un espectáculo que desplaza del centro lo que realmente importa: la información.

Si un periodista critica a otro por investigar, ¿qué mensaje se envía al público? ¿Qué valor se le otorga entonces al rol de fiscalización que históricamente tuvo la prensa? La función de los medios es iluminar zonas oscuras, plantear preguntas incómodas y contribuir a que la sociedad pueda tomar decisiones informadas. Si el foco se traslada hacia disputas internas, la democracia termina perdiendo una herramienta clave para comprender la realidad.

También debemos preguntarnos qué impacto tiene esto en las nuevas generaciones de periodistas. Un joven que observa cómo se ridiculiza o ataca a quien investiga puede desalentarse y elegir caminos más cómodos y superficiales. El oficio necesita voces valientes, rigurosas y dispuestas a incomodar al poder, no voces que teman ser descalificadas por sus propios colegas.

Tal vez sea momento de recuperar algo esencial: el respeto profesional. No se trata de evitar el debate ni de uniformar opiniones. Por el contrario, se trata de recordar que las diferencias enriquecen, siempre que se mantengan en el plano de las ideas y no en el terreno personal. La crítica es válida y necesaria, pero sólo cuando se dirige al contenido, al enfoque o al método, y no al periodista en sí.

No nos faltemos el respeto. Porque con la falta de respeto se da comienzo a algo que nunca se sabe dónde puede llegar a terminar.

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