El escenario político argentino suele entregar giros inesperados, pero pocos tan desconcertantes como el que protagoniza por estas horas Miguel del Sel. El ex Midachi, que durante años fue la cara visible del PRO en Santa Fe y un aliado incondicional de Mauricio Macri, parece haber cambiado de libreto de forma drástica.
Después de un largo silencio mediático que llamó la atención de propios y ajenos, el humorista reapareció en un contexto que pocos imaginaban. Su alejamiento de las filas liberales y del espacio que lo vio nacer como dirigente político es hoy un secreto a voces que genera un profundo ruido en el “círculo rojo” del centroderecha.
Las imágenes recientes lo muestran integrado al círculo íntimo de Dante Gebel, el conferencista y pastor que ya no oculta sus ambiciones presidenciales para el 2027. Del Sel pasó de defender las ideas de la gestión y la transparencia de mercado a formar parte de un séquito que se mueve bajo consignas religiosas y personalistas.
El fin de un idilio político y el salto al vacío
La sorpresa en las entrañas del PRO es total. Nadie esperaba que aquel hombre que caminó la provincia de Santa Fe con la bandera de la “nueva política” se inclinara ahora por un proyecto de tintes populistas. La desilusión entre quienes lo acompañaron en sus campañas a gobernador es palpable y se traduce en una sensación de abandono a los principios originales.
Quienes lo conocen de cerca aseguran que este giro no es casual. El exembajador en Panamá habría encontrado en el discurso de Gebel un refugio tras años de derrotas electorales y un evidente desgaste con la cúpula macrista. El entorno del pastor repite una frase que ya se volvió un mantra entre sus seguidores: “Dante será presidente, porque así Dios lo quiere”.
Esta estructura, que mezcla la fe con la ambición de poder, parece haber seducido a un Del Sel que se encontraba huérfano de pertenencia política. Sin embargo, el cambio de bando no es gratuito. El perfil de Gebel, mucho más cercano a un peronismo tradicional y asistencialista, choca de frente con la trayectoria antikirchnerista que el humorista supo cultivar durante una década.
Las redes sociales no perdonan: una vuelta de campana que genera furia
El termómetro digital estalló apenas se conocieron los detalles de este nuevo alineamiento. Miles de usuarios, que en su momento lo votaron para diputado o lo apoyaron en sus intentos por llegar a la Casa Gris santafesina, manifestaron su enojo de forma tajante. El sentimiento de que el humorista se “dio vuelta como una media” es el denominador común en los comentarios de los portales.
La furia de los votantes radica en la falta de coherencia. Para muchos, este movimiento responde más a una necesidad de supervivencia política que a un cambio real en su forma de ver el país. Las críticas apuntan a que el santafesino estaría buscando una “revancha” personal, utilizando la estructura del pastor para intentar lo que el PRO no pudo darle.
En los foros de debate, la decepción es elocuente. No le perdonan haber soltado la mano de quienes lo impulsaron en sus inicios para abrazar un proyecto que genera más dudas que certezas. El reproche es constante: se lo acusa de abandonar las ideas de la libertad y el orden para acomodarse en un espacio donde la mística reemplaza a la plataforma política seria.

¿Revancha o conveniencia?: El sueño pendiente de Santa Fe
No es un secreto para nadie que la gran espina clavada en Miguel del Sel es la gobernación de Santa Fe. Estuvo a un paso de lograrlo en dos oportunidades (2011 y 2015), pero el electorado santafesino le terminó dando la espalda en momentos clave. Ese anhelo de poder parece seguir intacto y sería el motor de este giro inesperado.
Las malas lenguas en los pasillos de la política aseguran que Del Sel cree que de la mano de Gebel podría tener una tercera oportunidad. La apuesta es arriesgada y, para muchos, carece de sentido lógico. Pasar de la estructura nacional de Juntos por el Cambio a un proyecto personalista basado en el carisma de un predicador parece un salto al vacío sin red.
Lo cierto es que la figura del ex Midachi ya no genera el consenso de antes. Su salida por la puerta de atrás del espacio liberal deja un vacío difícil de llenar, pero también una mancha en su currículum político. Mientras él se muestra convencido en este nuevo camino, el país lo observa con una mezcla de asombro y rechazo por lo que consideran una pirueta innecesaria.
