La mañana en el sur del conurbano arrancó con un clima de tensión que no tardó en explotar. El centro de Quilmes, habitualmente movido por el comercio, se transformó en un escenario de batalla donde la lealtad política voló por los aires en cuestión de minutos.
Columnas de manifestantes avanzaron sobre el Palacio Municipal con una agresividad que sorprendió hasta a los propios empleados públicos. No eran consignas contra el gobierno nacional; los gritos y los insultos tenían destinatarios con nombre y apellido dentro del mismo riñón partidario.
Contenedores de basura volcados, carteles de señalización arrancados para ser usados como armas y pintadas de “traidora” en las paredes oficiales fueron el saldo de una jornada de furia. La policía bonaerense terminó interviniendo en un conflicto que nadie quería ver, pero que ya era imposible de ocultar.
La sorpresa para los vecinos fue total cuando se identificó a los protagonistas. Los grupos de choque de Juan Grabois estaban sitiando la intendencia de Mayra Mendoza. La interna de La Cámpora contra los movimientos sociales pasó de las oficinas a los piedrazos en plena calle.
El trasfondo del escándalo es netamente económico. La gestión de Mendoza decidió implementar un sistema de estacionamiento medido, lo que desplazaría a los “trapitos” nucleados en el MTE de Grabois. Sin la caja de la calle, la paz militante se terminó y estalló la guerra por el territorio.
Jonatan se hizo un festín
Varias horas después, cuando el sol empezaba a caer y la espuma de los incidentes parecía bajar, llegó el análisis más esperado de la televisión. El estudio de TN encendió sus luces y la pantalla gigante se preparó para repasar lo que ya todos comentaban en las redes sociales.
Fue en ese momento cuando apareció la imagen que terminó de humillar a los protagonistas del escándalo. Jonatan Viale no abrió su programa con un editorial solemne sobre la crisis bonaerense. Lo hizo sentado, relajado y con un enorme balde de pochoclos sobre la mesa.
“Es cine”, lanzó Jony con una sonrisa de oreja a oreja. Mientras el país todavía comentaba la violencia de la mañana, el periodista decidió que la mejor forma de tratar la pelea entre Grabois y Mendoza era como una función de trasnoche.
Con cada bocado de maíz, Viale señalaba las contradicciones de los dirigentes que hasta hace poco compartían escenario. Se burló de la “ética” de los que rompen mobiliario público con palos mientras dicen defender a los humildes, y celebró irónicamente cómo el kirchnerismo se devora a sí mismo por un puñado de pesos.
La reacción de Jony fue el broche de oro para una jornada vergonzosa. Para el conductor, lo que pasó en Quilmes no fue política, fue un espectáculo de decadencia que solo se puede ver con pochoclos en mano, esperando a ver quién de los dos termina de hundir al otro.
