El debate sobre la privatización de Aerolíneas Argentinas (AA) es mucho más que una discusión económica; es una prueba de fuego para definir si la Argentina volverá a ser un país serio o si quedará atrapada en la inercia del despilfarro.
Año tras año, la aerolínea estatal se ha consolidado como un barril sin fondo, una “bolsa de gatos” que se sostiene únicamente con los impuestos del sector productivo.
Aerolíneas no es una herramienta de desarrollo, sino una gigantesca máquina de déficit que castiga al ciudadano que sí paga sus cuentas. Pero con el tema de que debemos tener una aerólinea de bandera, nos encontramos atrapados.
El Legado de la Ineficiencia y la “Mano de la Cámpora”
El camino de la empresa es un claro ejemplo de la intromisión política. Durante la presidencia de Mauricio Macri, se intentó poner un freno y se promovió la competencia (Flybondi en gran parte), aunque sin lograr la privatización definitiva.
Los gremios y la burocracia política actuaron como un muro de contención infranqueable. No se pudo avanzar en la dirección correcta ni con la fuerza necesaria acorde al adversario monstruoso que se enfrentaba.
La verdadera consolidación del desmanejo ocurrió con el regreso del kirchnerismo al poder. Bajo la órbita del gobierno de Alberto Fernández (con CKF como vicepresidenta), la empresa se “envalentonó” con una nueva inyección de recursos y poder sindical. La compañía se transformó en un aguantadero de sindicalistas y cargos políticos, donde la prioridad no fue la eficiencia o la rentabilidad, sino el control político del sector aerocomercial.

El costo de sostener esta estructura es demencialmente alto. Mientras el Estado siga destinando miles de millones de pesos anuales a cubrir el desequilibrio de la aerolínea, nada cambiará.
La Máquina Gremial y la Falta de Rendición de Cuentas
Uno de los principales problemas de Aerolíneas es su absoluto sometimiento a la maquinaria sindical. Los gremios actúan como dueños de la empresa, imponiendo condiciones laborales que están completamente desfasadas de la realidad del mercado. Esta rigidez operativa y el poder de veto sindical son la garantía de que AA nunca podrá ser competitiva.
La aerolínea es, en esencia, un costoso mecanismo de traslado y viáticos para funcionarios y una fuente de empleo seguro para un grupo privilegiado. En tanto los pasajeros se ven obligados a pagar un servicio que es a menudo deficitario y cuya única misión parece ser política.
El Único Camino Posible
La evidencia es contundente: Aerolíneas Argentinas no puede seguir existiendo bajo control estatal. Cuesta caro, genera déficit y distorsiona el mercado.
Macri no pudo; el gobierno actual debe hacerlo. Más tarde o más temprano, el único camino para liberar al contribuyente de esta carga es la privatización total o la concesión a operadores privados eficientes.
No se trata de eliminar la conectividad, sino de asegurar que la conectividad sea provista por quien lo hace mejor y sin la necesidad de subsidios estatales.
Solo sacando al Estado de la órbita aérea se podrá inyectar la seriedad, la competencia y la eficiencia que Argentina necesita para dejar atrás el modelo de la “casta” parasitaria.
