El sinceramiento de tarifas y la estabilidad económica

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El debate sobre la eliminación de los subsidios a las tarifas de servicios públicos y el transporte ha generado comprensible preocupación en la ciudadanía. Es un tema que impacta directamente en la economía familiar, pero que debe ser abordado con total claridad.

Durante años a gran parte de los argentinos nos inculcaron la idea de que el Estado debe mantener servicios a precios artificialmente bajos. Pero detrás de esto se esconde una verdad económica insostenible: el subsidio no fue una política social, sino un monumental mecanismo de transferencia de fondos que generó dependencia y opacidad en el gasto público.

Este Editorial expone una perspectiva responsable: el sinceramiento de las tarifas no es una medida punitiva, sino la condición necesaria para construir la estabilidad financiera y el crecimiento real del país.

La Verdad del Costo Oculto

El populismo nos enseñó que la energía, el gas o el boleto de colectivo eran “gratis” o, al menos, increíblemente baratos. Pero el costo real nunca desapareció; solo fue trasladado.

El costo fue absorbido por el Tesoro Nacional, inflando el déficit fiscal, el cual se cubrió sistemáticamente con emisión monetaria descontrolada. Es decir, lo que el ciudadano no pagaba directamente en la factura, lo pagaba de forma indirecta a través del impuesto más regresivo: la inflación.

Este sistema de precios distorsionados beneficiaba a sectores muy específicos (principalmente en el AMBA) a costa de empobrecer al resto de la Nación. No fue un mecanismo justo; fue una administración engañosa de los recursos públicos que generó un desorden estructural que ahora es indispensable corregir.

La Ineficiencia Protegida por el Tesoro

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La eliminación de los subsidios saca a la luz a los empresarios y operadores de servicios que se acostumbraron a vivir sin la necesidad de competir.

Durante años, las empresas de servicios y transporte fueron protegidas de la necesidad de eficiencia y de la innovación. Sus márgenes de ganancia estaban garantizados por la chequera estatal, sin importar si la calidad del servicio era óptima.

El subsidio actuó como una barrera contra la competencia y perpetuó la ineficiencia, creando estructuras empresariales que no podían subsistir por sus propios medios.

El camino del sinceramiento obliga a estas empresas a enfrentarse al costo operativo real. Deben modernizarse, reducir los gastos innecesarios y enfocarse en ofrecer un servicio competitivo y de calidad que se justifique en el mercado, liberándolas de la dependencia del favor político.

El Camino Hacia el Equilibrio Presupuestario

La decisión de eliminar estos subsidios es una medida difícil pero fundamental para eliminar la hipoteca que la vieja política le puso al futuro del país.

Cada partida que el Estado deja de destinar a subsidios mal dirigidos es una partida que se retira de la impresión de moneda y que se acerca al equilibrio presupuestario.

Para que la Argentina recupere la confianza y sea atractiva para la inversión productiva, necesita demostrar que su presupuesto está en orden y que sus precios reflejan los costos reales de producción.

La verdadera prosperidad no se construye con el dinero ficticio de la asistencia, sino con una moneda estable, una inflación controlada y una economía previsible que proteja el ingreso de quienes trabajan y, también, de los jubilados.

El fin de los subsidios es el inicio de la responsabilidad económica, un paso esencial hacia la libertad financiera y la madurez de la Nación.

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