Dos hermanas de más de 70 años viven solas en un bosque

El contacto con la naturaleza suele presentarse como una fantasía de fin de semana, un breve descanso para recargar energías antes de volver a los compromisos de la rutina diaria.

Pocas personas transforman ese deseo en un verdadero plan de vida a largo plazo, asumiendo los desafíos físicos y el aislamiento que implica instalarse lejos de las comodidades urbanas.

Un regreso a los orígenes en la montaña

En lo alto de la Serra Catarinense, en el sur de Brasil, dos mujeres de 72 y 73 años decidieron hace tiempo dejar atrás la velocidad de las ciudades y asentarse en un entorno forestal. Una de ellas ejerció la docencia durante décadas en ámbitos rurales, mientras que la otra permaneció cuidando la base productiva de la familia.

Al reunirse en suelo brasileño, ambas optaron por dar continuidad a un proyecto basado en el trabajo diario con la tierra y el respeto por el entorno, lejos de entender la vejez como una etapa de pasividad. Su rutina en el bosque Tencílio Costa demanda un esfuerzo constante que reestructuró por completo sus jornadas, adaptándolas al ritmo de las estaciones.

El funcionamiento de una economía natural

La base de su permanencia en el lugar es una huerta orgánica de gran extensión, donde cosechan hortalizas de estación y elaboran conservas para los meses de frío. Además, crían animales que les proveen leche y huevos, logrando un aprovechamiento integral de cada recurso disponible en su parcela.

Todos los fines de semana, las mujeres se trasladan al mercado de la localidad más cercana para comercializar quesos y excedentes de su producción agrícola. Este canal de comercialización les garantiza ingresos mínimos y representa su principal punto de encuentro e intercambio social con el resto de la comunidad.

Cuidado del suelo y medicina tradicional

hermanas dos

En sus cultivos aplican técnicas de abono natural y rechazan de forma categórica el uso de cualquier clase de pesticidas o productos químicos. La gestión de los residuos se realiza mediante el compostaje, eliminando prácticas perjudiciales como la quema de desechos orgánicos en el predio.

“Gran parte de sus cuidados de salud se apoya en plantas medicinales y preparaciones caseras”, explicaron sobre su rutina diaria en el lugar. El uso de la herbolaria les permite resolver malestares habituales mediante infusiones y ungüentos propios, recurriendo a saberes tradicionales heredados de generaciones anteriores.

Los desafíos del entorno actual

A pesar de la tranquilidad que ofrece el aislamiento, la zona enfrenta transformaciones complejas debido a la expansión de grandes plantaciones de soja en los alrededores. Las protagonistas manifestaron su preocupación por el uso masivo de productos químicos en esos campos vecinos y el impacto que esto pueda tener sobre sus cultivos.

El avance de los emprendimientos agroindustriales a gran escala y la lejanía geográfica configuran un panorama desafiante para la continuidad de su estilo de vida. La subsistencia de estas mujeres se sostiene gracias a una organización rigurosa, el conocimiento práctico del terreno y un firme compromiso mutuo.

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