Del elogio al modelo K al borde de la quiebra

La empresa que produce las hamburguesas Paty, una de las marcas más reconocidas del consumo cotidiano en la Argentina, atraviesa hoy una situación financiera crítica. En enero de 2026, el frigorífico que abastece a la histórica marca quedó bajo la lupa por millones de pesos en cheques rechazados, atrasos con proveedores y una fuerte caída en su capacidad operativa.

Detrás de esa firma aparece un nombre poco conocido para el público masivo, pero central en esta historia: Ernesto “Tito” Lowenstein. Y el contraste entre su discurso de ayer y la realidad de hoy expone algo más profundo que una crisis empresarial.

Cuando Paty era símbolo de optimismo

En 2011, en pleno auge del kirchnerismo, Lowenstein hablaba públicamente con entusiasmo del rumbo del país. En entrevistas radiales de la época, defendía el clima económico y evitaba cualquier crítica a las políticas oficiales que ya impactaban sobre la industria de la carne.

“La idea es que dejemos de hablar de lo mal que está todo, del precio de la carne, y pensemos en el futuro”, decía entonces. Incluso impulsó, junto a otros empresarios, una acción simbólica que buscaba mostrar una Argentina pujante: batir el récord Guinness del asado más grande del mundo.

Cristina Fernández de Kirchner era presidenta y el relato oficial prometía crecimiento, consumo sostenido y una industria protegida.

Enero de 2026: cheques rechazados y números en rojo

Quince años después, la realidad es muy distinta. La empresa que fabrica Paty enfrenta una situación límite. Registros comerciales muestran cheques rechazados por cifras millonarias, deudas acumuladas y serias dificultades para cumplir compromisos básicos.

Fuentes del sector cárnico aseguran que el frigorífico arrastra problemas de liquidez desde hace tiempo y que el deterioro se aceleró en los últimos meses. Bancos y acreedores ya encendieron alertas ante el nivel de endeudamiento.

“La empresa quedó muy expuesta cuando se terminó el esquema artificial”, explicó un analista de la industria.

El Frigorífico Pico, que como dijimos es el encargado de producir las hamburguesas Paty, suspendió a sus 450 empleados, luego de haber pagado el aguinaldo en cuotas e impuesto vacaciones obligatorias desde el 23 de diciembre, en un contexto de fuerte caída de la actividad y crisis financiera.

El costo de acompañar el modelo K

tito pat

Durante los años kirchneristas, la producción de carne estuvo atravesada por cepos a la exportación, controles de precios y reglas cambiantes. Muchas compañías sobrevivieron achicándose, resignando márgenes y apostando a que el contexto político las sostendría.

La empresa detrás de Paty no fue la excepción. Mientras el discurso público celebraba el modelo, las bases económicas se debilitaban. La rentabilidad se erosionaba y las decisiones estructurales se postergaban.

Cuando el relato ya no alcanza

Hoy, sin controles que disimulen los números ni épica que tape balances, la realidad quedó expuesta. La firma que produce una de las hamburguesas más famosas del país pelea por evitar la quiebra.

El recorrido de Paty funciona como símbolo de una etapa. Del optimismo público y el aplauso al poder, a una crisis que muestra el costo real de años de políticas que priorizaron el relato sobre la producción.

El producto sigue en las góndolas. La empresa, no está a salvo.

 

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