La televisión argentina atraviesa un momento extraño donde el pasado siempre vuelve, pero no siempre de la mejor manera. Esta semana, Pilar Smith, hoy instalada como “angelita” en el panel de LAM, decidió reflotar viejas heridas laborales. El blanco de sus críticas fue, una vez más, Mauro Viale, el histórico conductor que ya no está para dar su versión de los hechos.
Smith relató episodios de supuesta tensión y maltrato sufridos durante el ciclo Fiebre de Mauro por la Noche. Según la periodista, el ambiente laboral en Canal 9 era insostenible. “Me dio angustia escucharme porque fue horrible”, confesó frente a las cámaras, visiblemente afectada por recuerdos que datan de hace décadas.
Una revelación que genera ruido en las redes
La reacción del público no se hizo esperar, y no fue precisamente la que Smith esperaba. En las redes sociales, el termómetro social por excelencia, los usuarios recordaron la trayectoria impecable de Viale como formador de profesionales. Muchos televidentes de la vieja guardia consideran que la exigencia de Mauro era el sello distintivo de una televisión que buscaba la primicia y el rigor, lejos del espectáculo mediático actual.
“¿Por qué lo cuenta ahora que Mauro no está?”, fue el interrogante que inundó las plataformas digitales. La propia Smith reconoció haber recibido este tipo de cuestionamientos: “Cuando me animé a contarlo, mucha gente me decía ‘¿cómo lo venís a contar ahora que Mauro no está?’”. Esa pregunta parece ser el núcleo de la molestia de una audiencia que no tolera lo que podría llegar a interpretarse como una posible falta de gratitud hacia los maestros del oficio.
El rol del periodista: ¿Informar o ser la noticia?
Para gran parte de los seguidores del periodismo tradicional, el profesional debe mantenerse detrás de la noticia. Sin embargo, en el último tiempo, Smith parece haber invertido los roles, convirtiéndose ella misma en el centro de los titulares. Su presencia diaria en los medios, desmenuzando detalles de su vida personal o de conflictos de hace veinte años, genera un desgaste en su credibilidad frente a un público que valora la discreción.
En el entorno digital, los comentarios más ácidos apuntan a que nadie obligaba a los cronistas a permanecer en equipos de alta competencia. “Si no aguantaba la presión de un número uno como Viale, se hubiera buscado un trabajo más tranquilo”, deslizaron algunos usuarios en X (ex Twitter). La sensación general es que la exigencia extrema era parte del contrato implícito para quien quería triunfar en la televisión de aquel entonces.
Entre la catarsis y la conveniencia

La discusión sobre los límites laborales es válida, pero el momento elegido por la panelista despierta suspicacias. Resulta difícil para el espectador promedio entender por qué una profesional con años de trayectoria decide ventilar estas internas justo cuando su perfil mediático necesita un impulso.
Mientras Pilar Smith sigue recorriendo programas para hablar de su angustia pasada, el legado de Mauro Viale permanece defendido por sus seguidores de siempre. Una parte del público argentino, especialmente aquel que creció viendo la evolución de la pantalla chica, suele interpretar el momento elegido como oportuno desde lo mediático, ya que se basa sobre figuras que ya son parte de la historia grande de nuestro periodismo.
