El gremio de Camioneros atraviesa un colapso histórico. La obra social está quebrada y el Sanatorio Antártida de Caballito, símbolo del poder sindical, fue puesto en venta. No se trata de especulaciones ni de rumores: la decisión está tomada y el hospital se ofrece al mejor postor. Es el manotazo de ahogado de una conducción que perdió el control y que ya no encuentra salida.
Interna feroz en la familia
Las diferencias entre Hugo, Pablo y Facundo Moyano se transformaron en un escándalo abierto. Las discusiones internas dejaron de ser puertas adentro y hoy se ventilan en público. La pelea por el poder se da en medio de la peor crisis financiera del gremio. La imagen de unidad que durante años funcionó como blindaje se quebró y expone las miserias de un clan que supo manejar la calle y los despachos oficiales.
Decisiones drásticas y desesperadas
La venta del Sanatorio Antártida es la muestra más clara de la desesperación. El hospital, inaugurado como “orgullo camionero”, ahora se ofrece para tapar deudas millonarias. La conducción sabe que no hay otra salida. Los números son rojos y los proveedores ya no esperan. La decisión de desprenderse de la joya sindical marca un antes y un después.
Afiliados abandonados
Los trabajadores que aportaron durante años se encuentran sin cobertura. Turnos médicos cancelados, tratamientos interrumpidos y farmacias que rechazan recetas. La bronca crece y la sensación es de abandono total. Lo que fue caja de poder hoy es un agujero que se lleva puesta la salud de miles de familias. La obra social, que durante décadas funcionó como respaldo económico y político, se convirtió en un símbolo de fracaso.
El imperio en pedazos
“Se terminó la era Moyano”, repiten voces dentro y fuera del gremio. La obra social quebrada, el sanatorio en venta y la interna familiar marcan el final de una era. El apellido que durante décadas fue sinónimo de poder sindical aparece ahora asociado a la ruina. El derrumbe es tan visible que hasta los aliados históricos se mantienen en silencio.
Impacto político inmediato
El gobierno de Javier Milei observa con atención. La caída del clan camionero se convierte en un ejemplo de las “mafias sindicales” que el Presidente prometió enfrentar. La pérdida de poder de los Moyano abre un nuevo escenario en la relación entre sindicatos y Estado. La Casa Rosada interpreta la crisis como un triunfo político y como señal de que el poder sindical ya no es intocable.
Una familia fragmentada
Hugo Moyano aparece debilitado, Pablo intenta sostener la conducción y Facundo juega su propio juego político. La familia que supo manejar el gremio como un feudo hoy está partida. La imagen de unidad se quebró y la crisis expone las miserias internas. El apellido que fue sinónimo de fuerza sindical ahora se asocia a fractura y decadencia.
El recuerdo de la época dorada
Durante años, los Moyano fueron temidos y respetados. Sus marchas paralizaban la Ciudad de Buenos Aires. Sus negociaciones definían aumentos salariales y condiciones laborales. Ese poder se construyó con la obra social como respaldo económico. La misma obra social que hoy está quebrada y que amenaza con arrastrar todo el edificio sindical.
Lo que viene
El futuro del gremio de Camioneros es incierto. La venta del Sanatorio Antártida sería un golpe simbólico y práctico. La pérdida de ese patrimonio marcaría el final de una era. Los afiliados reclaman soluciones y el gobierno observa cómo se desarma uno de los sindicatos más poderosos del país. La desesperación llevó a decisiones drásticas y el gremio ya no es lo que era.
Una etapa cerrada
La historia de los Moyano se escribe ahora en tono de caída. Lo que fue poder y control se transforma en deuda y desconfianza. El apellido que marcó la política sindical argentina atraviesa sin duda su peor caída.
